El mercado del almacenamiento energético sigue en plena transformación. 2024 ha sido un año clave en despliegue y avances tecnológicos, pero el futuro inmediato trae consigo tantas oportunidades como incertidumbres.
Según un informe de Wood Mackenzie, el sector crecerá un 27% en 2025, un dato optimista que podría marcar el inicio de una nueva era. Sin embargo, ¿es este crecimiento realmente sostenible?
Factores políticos, económicos y tecnológicos podrían jugar en contra, ralentizando la expansión o incluso redefiniendo el rumbo del sector. ¿Estamos ante el despegue definitivo o frente a una burbuja con fecha de caducidad?
Vamos a debatirlo
1. La geopolítica y el factor de la dependencia regional
Uno de los factores más críticos en el crecimiento del almacenamiento energético es la dependencia de la cadena de suministro global.
Mientras EE.UU. refuerza su proteccionismo con políticas como la Inflation Reduction Act (IRA), Europa busca reducir su dependencia de China, y mercados emergentes como Arabia Saudí empiezan a posicionarse con fuerza. Esto nos hace plantearnos dos preguntas clave:
¿La fragmentación de la cadena de suministro llevará a un encarecimiento del almacenamiento o estimulará la innovación y la inversión local?
Desde un punto de vista técnico y estratégico, la fragmentación inicial sí generará un aumento en los costes del almacenamiento energético, al menos en el corto plazo.
La razón es clara: la relocalización de la producción conlleva desafíos logísticos, inversiones iniciales elevadas y la necesidad de crear nuevas cadenas de valor. Sin embargo, si analizamos el fenómeno desde una perspectiva de desarrollo industrial, el escenario cambia.
La diversificación de proveedores y la inversión en fabricación local pueden generar mayor resiliencia en el sector, reduciendo la dependencia de una sola región y fomentando nuevas tecnologías.
En Desamerc, vemos que este cambio forzará a la industria a acelerar la transición hacia alternativas como baterías de sodio-ion o sistemas híbridos que minimicen la presión sobre los materiales críticos, como el litio y el cobalto.
¿Cómo responderán los fabricantes a esta nueva realidad y qué implicaciones tendrán para la estabilidad de precios?
El impacto en los fabricantes dependerá de su capacidad de adaptación. Empresas con infraestructura flexible y capacidad de inversión en innovación pueden aprovechar esta transformación para diferenciarse, mientras que aquellas que dependen de un modelo de producción centralizado podrían enfrentar dificultades.
En Desamerc, consideramos que veremos un doble movimiento: por un lado, los fabricantes tradicionales reubicando parte de su producción para cumplir con las regulaciones locales y, por otro, el surgimiento de nuevos actores que optimizan la eficiencia de materiales y procesos.
A nivel de precios, a corto plazo es probable que haya un aumento en los costes del almacenamiento energético debido a la reconfiguración de la cadena de suministro.
No obstante, en la medida que las inversiones en nuevas fábricas y materiales alternativos maduren, podríamos ver una estabilización e incluso una reducción de costes en el largo plazo, sobre todo si el mercado logra consolidar tecnologías más accesibles y escalables.
2. Tecnología y costes: la búsqueda del equilibrio
El informe menciona avances en tecnología, como los contenedores de 5 MWh, que prometen mejorar la eficiencia del almacenamiento energético. Sin embargo, la realidad es más compleja: los costos de los materiales siguen siendo volátiles y la paridad con fuentes convencionales todavía es un reto. Esto plantea dos interrogantes clave:
¿Las innovaciones tecnológicas permitirán una reducción real de los costes, o simplemente compensarán el impacto del encarecimiento de materias primas?
Desde un enfoque técnico, la evolución tecnológica en el almacenamiento energético ha demostrado ser una herramienta clave para mejorar la eficiencia y optimizar los recursos.
Sin embargo, es importante reconocer que muchas de estas innovaciones están, en gran medida, contrarrestando el aumento del coste de las materias primas en lugar de generar reducciones drásticas en el precio final.
A corto plazo, el avance en la densidad energética y la eficiencia de los sistemas de conversión permite amortiguar el impacto del encarecimiento de materiales como el litio y el níquel.
No obstante, para lograr una reducción estructural de los costes, la industria necesita diversificar sus tecnologías. Aquí es donde ingresa en juego las baterías de iones de sodio, el almacenamiento térmico y el desarrollo de alternativas a base de materiales abundantes y de menor impacto ambiental.
En Desamerc, vemos que la tendencia apunta a la optimización de cada eslabón del sistema: desde la mejora en la eficiencia de celdas hasta el desarrollo de arquitecturas más modulares y escalables.
¿Veremos un verdadero cambio de paradigma con el almacenamiento de larga duración (LDES), o seguirá siendo una tecnología en desarrollo sin una implementación a gran escala?
El almacenamiento de larga duración (LDES) es una de las grandes promesas del sector, pero su adopción a gran escala todavía enfrenta barreras.
Tecnologías como el aire comprimido, el almacenamiento gravitacional y las baterías de flujo han demostrado potencial, pero el reto sigue siendo la competitividad en costes y la integración en los mercados energéticos actuales.
Desde Desamerc, creemos que el LDES tendrá un papel clave en la transición energética, pero su adopción dependerá masivamente de dos factores: la reducción de costes de implementación y la evolución de los modelos de negocio que permiten monetizar estos sistemas de manera eficiente.
Actualmente, el mercado sigue priorizando tecnologías con un retorno de inversión más rápido, lo que limita la expansión del LDES más allá de proyectos piloto y aplicaciones específicas.
La demanda: entre la expansión y la sobrecarga de la red
En España, el aumento del consumo energético por parte de centros de datos, industrias y la electrificación del transporte ha disparado la necesidad de soluciones de almacenamiento energético.
Pero este crecimiento también trae consigo un reto estructural: ¿puede la red eléctrica absorber este aumento de demanda sin comprometer su estabilidad?
¿Estamos construyendo suficiente infraestructura para acompañar este crecimiento?
Si bien España ha avanzado en la integración de energías renovables, el despliegue de infraestructura para almacenamiento energético aún no va a la misma velocidad.
Actualmente, la red eléctrica se enfrenta a un doble desafío: la creciente penetración de renovables intermitentes (solar y eólica) y la necesidad de gestionar picos de demanda sin que esto implica sobredimensionar la capacidad de generación.
Las grandes instalaciones de baterías en parques solares y eólicos están en expansión, pero la tramitación administrativa y la falta de incentivos claros han ralentizado su desarrollo.
A esto se suma el reto de reforzar la red de transporte y distribución para evitar cuellos de botella, especialmente en regiones con alta producción renovable, como Andalucía, Castilla-La Mancha y Aragón.
Desde Desamerc, creemos que la clave no es solo aumentar la capacidad instalada de almacenamiento, sino optimizar la gestión de la demanda con herramientas digitales y modelos de flexibilidad que permitan un uso más eficiente de la energía almacenada.
¿El almacenamiento distribuido y las microrredes podrían convertirse en la solución clave para evitar la sobrecarga de la red?
Definitivamente, el almacenamiento energético distribuido es una de las soluciones más prometedoras para mejorar la estabilidad de la red sin necesidad de grandes infraestructuras adicionales.
En España, los sistemas de autoconsumo con baterías ya están ganando terreno, tanto en hogares como en pymes, permitiendo reducir la presión sobre la red en momentos de máxima demanda.
Por otro lado, las microrredes y comunidades energéticas representan una oportunidad real para descentralizar el sistema eléctrico y hacer que el almacenamiento sea un pilar clave en la transición energética.
Sin embargo, su adopción sigue enfrentando barreras regulatorias y económicas, lo que impide un despliegue más acelerado.
Conclusión: Perspectivas para un futuro incierto
El almacenamiento de energía no es solo una tendencia en crecimiento, sino un componente esencial en la transición energética. Sin embargo, el optimismo debe equilibrarse con un análisis realista:
Las barreras regulatorias, los costes de producción y la evolución de la demanda jugarán un papel fundamental en determinar si este sector sigue su expansión o enfrenta una corrección en los próximos años.
La clave estará en la capacidad de innovar sin depender de políticas cortoplacistas y en la construcción de un mercado más resiliente a nivel global.