España autoriza 29,3 MW y prevé 523 MW de baterías en 2025

Durante el segundo trimestre de 2025, el almacenamiento energético en España ha dejado una señal clara: comienza a tramitarse de forma efectiva. Según el último informe del Observatorio de Energías Renovables para la Economía Digital, se han autorizado 29,3 MW de nuevos proyectos BESS, una cifra modesta pero reveladora.

De esos megavatios, 15 MW corresponden a sistemas de baterías independientes y 14,3 MW a instalaciones híbridas con renovables. A eso se suman otros 523,8 MW que han ingresado formalmente en fase de consulta pública.

Desde Desamerc, entendemos que esta situación entre megavatios autorizados y pipeline emergente, marca una transición nítida: del anuncio a la tramitación, y de la planificación al inicio de ejecución.

Ya no estamos solo midiendo intenciones, sino constatando que el almacenamiento se abre paso en la ruta administrativa del sistema eléctrico. Y eso, en un sector como este, tiene más valor estratégico que cualquier megavatio prometido.

Lo que se autorizó: 29,3 MW en el 2T 2025

La cifra se reparte casi al 50 % entre sistemas BESS independientes integrados como soluciones híbridas junto a instalaciones renovables ya existentes o planificadas.

Vemos que el modelo híbrido (solar o eólico más baterías) gana peso, como respuesta directa a los requisitos de firmabilidad y optimización de despacho que se han instalado en la agenda regulatoria.

Al mismo tiempo, los sistemas independientes siguen avanzando, aunque de forma más selectiva y con mayor exigencia en la justificación de su modelo de negocio.

Comparado con trimestres anteriores, este paso adelante en autorizaciones muestra algo que venimos señalando desde Desamerc: los proyectos están empezando a moverse en la tramitación real. No es un boom, pero sí un cambio de ritmo que hay que seguir de cerca.

Un pipeline de 523,8 MW en consulta pública

Y mientras se autorizan los primeros megavatios, la siguiente oleada ya está en camino. Según el mismo informe que mencionamos anteriormente del Observatorio de Energías Renovables para la Economía Digital, 523,8 MW de almacenamiento han ingresado en fase de información pública durante el segundo trimestre de 2025.

Es decir, ya hablamos de proyectos que empiezan a asomar con documentación firme y vocación de ejecutarse.

La distribución de ese pipeline no es menor:

  • 87 % son sistemas BESS independientes,
  • 10,3 % híbridos solar-batería,
  • y un 2,7 % híbridos eólico-batería.

Estos ratios confirman que la mayoría de promotores sigue apostando por almacenamiento como infraestructura autónoma, capaz de capturar valor por arbitraje, capacidad o servicios de red sin depender exclusivamente de plantas renovables.

Pero también revelan que la hibridación gana tracción, sobre todo en contextos donde ya hay acceso a red o donde la firmeza empieza a ser un criterio técnico de obligado cumplimiento.

En Desamerc, opinamos que esta configuración responde a una estrategia de diversificación territorial y tecnológica, alineada con las condiciones reales del sistema eléctrico peninsular: saturación en nodos clave, necesidad de balance y un marco regulatorio que empieza a madurar.

Declaraciones de impacto ambiental y autorizaciones de construcción previas

Detrás de los proyectos que ahora están en fase de consulta pública, hay un movimiento más profundo que ya venía gestándose. El informe también recoge que 25 proyectos de almacenamiento han recibido DIA favorable, lo que supone 667,4 MW que ya superaron la barrera ambiental.

Y no solo eso: 137 proyectos sumando 2.350 MW ya cuentan con autorización de construcción.

Ya es una realidad que el mercado de almacenamiento en España no solo está activo, sino en maduración técnica y administrativa real.

En un entorno donde cada megavatio de almacenamiento empieza a ser crítico para absorber generación renovable, esta trazabilidad es clave: muestra no solo interés, sino capacidad de ejecución.

¿Qué implica para el sector EPC y para la cadena de valor?

Para los EPCistas e ingenierías, como Desamerc, el reto ya no está en prever escenarios, sino en planificar obras. Los tiempos de tramitación se empiezan a consolidar y los calendarios deben adaptarse a esa realidad.

Lo mismo ocurre con los proveedores de soluciones BESS, que deben anticipar plazos de fabricación, disponibilidad logística y buffers de CAPEX ante un mercado que entra en fase de entrega real. Los proyectos que ayer eran «propuesta» hoy están siendo licitados, presupuestados y adjudicados.

Otro punto crítico es que la hibridación con renovables empieza a consolidarse como criterio técnico estructural, y no como un extra opcional.

Esto cambia por completo la forma en la que se conciben los proyectos: hay más exigencias de compatibilidad, mayor trazabilidad documental y, sobre todo, más competencia por puntos de conexión viables y autorizaciones que ya no se conceden con la misma agilidad.

Además, los proyectos deben estar técnicamente bien fundamentados y territorialmente justificados. El sector ya no se mueve en silencio; ahora está bajo el foco público, lo que obliga a mejorar la calidad técnica desde el primer croquis.

Desde nuestra perspectiva, no es momento de esperar a que el mercado se “active”, porque ya lo está. El almacenamiento está entrando en una etapa donde el margen de improvisación se reduce y donde la precisión en la ejecución define quién puede competir realmente en esta nueva fase.

Una curva que ya no es hipotética

A diferencia de otras fases del sector energético donde la burocracia ha sido freno, en este caso las cifras demuestran que el pipeline se está moviendo.

Ya no hablamos de estrategias de papel, sino de obras que se están preparando, permisos que se están resolviendo y tecnologías que deben llegar a tiempo para cumplir cronogramas.